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Terra
La Coctelera

De charreta con el Dr. Livingston

Hola, hola, ola, olaaa, laaa, aaa

Qué tremendo eco!!

Si es que no me extraña...después de irme de romería, desaparecer y tomarme unas cañitas con el Dr. Livingston, aquí ya no queda nadie. Con un poco de suerte alguien se equivocará de blog y caerá por aquí...eso sí....espero que salude al menos.

Este largo tiempo de ausencia de debe principalmente a la falta de cosas absurdas por contar y un ajetreo desmesurado.

Ayer me encontré con Carmen Sevilla por la calle, y no me choqué de puro milagro porque yo iba mirando a un fallero un tanto raro-conjuntado que iba con ella. Si está leyendo, flores con rayas y flores es perfecto, a falta de flores-rayas-lunares. Y si es Carmen Sevilla la que lee esto...pues...que ella iba mejor conjuntada.

Pues sí, Valencia en Fallas. un millón de habitantes más millón y medio, a buñuelo de calabaza y dos churros por cabeza...esto me dice que el año que viene me hago churrera. También está bien eso del mimo...si ganas poco, quemas menos calorías y en paz.

Pero para seguir diciendo tonterías...espero mejor que ocurran que así tienen más gracia.

En cuanto al Livingstone, por más que le invité no se anima a venir para Fallas. Dice que le recuerda a una partida de Jumangi.

Voy a xafardear por aquí....

Va de caracoles

Las palomas se encalan como las pelotas

Vivo en un último piso en una ciudad atestada de cigüeñas y palomas, y cada primavera estos papás noeles particulares me entran por la chimenea. Palomitas, palomitas que me tenéis contenta. No es una chimenea propiamente dicha, se trata del respiradero de la finca que los mediodías me trae aromas a cordero con ajo y de noche aleteos de paloma. Las cigüeñas son más listas y no entran, ven el hueco y piensan: 1º “por ahí no quepo ni de coña”, y 2º “¿para qué quiero encalarme ahí?”. Las palomas sin embargo…juraría que todas las de mi tejado huelen a ajo.

La primera vez que oí semejante ruido de madrugada maldije bastante y acabé durmiendo en el salón. Ahora, sin embargo, ya tengo el protocolo de emergencia optimizado y mis rescates son rápidos y eficaces. En cuanto escucho ruido por la mañana, me subo a una silla, quito la rejilla, el altavoz del hilo musical y abro la ventana de par en par. Al final del día ya no tengo paloma pero sí diecisiete moscas en su propio circuito de Montmeló aéreo, un cómputo de 1-17 vidas salvadas.

La última vez descubrí que apuntando a las moscas con el secador del pelo al nivel 3, éstas salen sofocadas por la ventana, 1+17.

Las cigüeñas, por ser más listas hacen unas travesuras más sofisticadas. Tienen una predilección por las antenas de televisión y telecomunicaciones en general y la curiosa habilidad de aletear y menear el poste cuando la peli se pone interesante o un delantero corre hacia la portería. Son la pequeña Amèlie sentada en el tejado.

A veces pienso que estoy en medio de Doñana. Hay unos chinches (esos bichos que huelen fatal cuando se chafan, de ello que sean sagrados) que sienten pasión por la cortina horrorosa del salón. Se cruzan la provincia volando y se enganchan a ella con fervor en los meses de calor. Con todo ello, no me extraña que también vengan los guecos (dragones) a ver qué pillan, eso si logran cruzar el frente de cigüeñas.

El alquiler de esta selva nos lo repartimos cuatro humanos: dos duermen con tapones por el ruido de patas en el tejado, otra salva palomas al ajillo y chinches horteras y el cuarto está ahora mismo de botellón en el salón.

Tengo una amiga que en lugar de animalitos en el piso de estudiantes tenía un espíritu llamado Paco que encendía y apagaba luces. Otra amiga cultivaba un jardín de pentafoliadas preciosas hasta que sufrieron una plaga de araña roja.

No hay que menospreciar todas estas visitas cuando no ponen nada bueno por la tele.

La vuelta de hijo

Tal y como empecé la primera vez que lo hice, no sé muy bien cómo empezar, con lo que viene a ser lo mismo y éste es el segundo simulacro.

Han pasado muchos meses y seguramente un año, si suman doce.

No sé si veré a los mismos que entonces había, pero seguro que algún par todavía resiste blogueando, un saludo!

Blog siguiente al “Chino Cudeiro…”, que algún día lograré escribir

Sydney, 7 pm
Mi mp3-disco duro extraíble sigue en la uvi. Y ahora parece que mi conexión a Internet agoniza, así que sin fotos (lo siento).
He decidido no aceptar la gravedad de las consecuencias y seguir con mi vida, e indirectamente, seguir con el blog.
Hoy, como tantos días que me he paseado por la ciudad en busca de rincones curiosos, y tratando de evadir otra posible cena con mi casero e hija. Así que, para romper con todo, me he ido a Chinatown, al Nightmarket. Llovía que daba gusto, como cada vez que pongo lavadora, cojo las gafas de sol y me pongo los pantalones que arrastran. Como ya viene siendo una costumbre, he abierto camino seco a los que me sucedían. Un tal Moisés, también llevaba pantalones de éstos un día de lluvia, según creo (llámenme blasfema, lo soy). De los mercadillos, lo que más me chifla son los puestos de comida, cuanto más refrito mejor que mejor. Dejé a un lado los bolsos de Prada’s y me pedí una brocheta Din Din y otra de octopus. Pero… ¿y esa salsa? Pare, pare…. ¡Stop! ¿No será chilli?. Cuatro pulpos rebozados en chili podrían hacerme entrar en un túnel con una luz al fondo. El siguiente objetivo, buscar una calle aislada para poder comerme todo aquello, 32 patas incluidas, sin hacer llorar a un niñito chino.
Confieso que estaba rico.
Como empezaba a agarrarse la lluvia, y mi cinturón ya anunciaba rendición, me metí en un centro comercial que apunto estaba de cerrar. En el hall había un puesto de todo a “lléveselo por favor”, pero me pareció muy caro. De repente dos chicas vienen corriendo hacia mí con una enorme lona azul. ¡Qué bonito! ¡Viva el año del dragón! Pero no. Justo a tiempo comprendí que si no salía pronto de allí iba a convertirme en un objeto más de los de “lléveselo por favor”.
Vaya, un niñito está llorando…juro que yo no he sido.
Decido no engañarme más y me compro un paraguas, el más barato y el más plegable, y nada más salir de la tiende empieza otro diluvio… destino. Lo abro…lo abro… ¡lo abro! ¿Por qué aquí lo hacen todo al revés? Hasta los mapas y los paraguas los doblan al revés. Abierto. Verde por fuera y plata por dentro, y lleva impreso… ¡¿Sydney, Australia?! O lo que es lo mismo, “guiri bajo la lluvia, el móvil y las llaves en el bolsillo exterior de la bandolera, y el monedero al fondo”.
Me pregunto qué diría el capitán Haddock en un momento así. A veces creo que somos almas gemelas. A partir de hoy me haré llamar La Capitán Pescanova.

Mañana tengo una boda y ópera (lo siento por algunos que la detestan). Voy a ver si lo que conjunta con los zapatos y las medias está seco, y sino será el traje de buzo, que me va perfecto con las sandalias de cuña y el cinturón de rafia.

Hola, estás sola?

NO!! He venido con amigos, te lo juro!
Esto p

Ésto podría pasarle a cualquiera que por tener ganas de bailar, y por hacer un favor a una amiga, acepta ir a una fiesta para singles. Y no singles, grandes éxitos, precisamente. Se trataba de la mayor fiesta de citas de todo Sydney! Quedé criogenizada en cuanto leí en uno de los muchos globos que allí había, "The largest dating party in Sydney".
Lo que en un principio íba a ser ir en grupo, acabó siendo miamiga-y-pareja, amigodelaparejademiamiga, otra pareja y moi.
Yo pensaba que si emanabas ondas de "estoy aquí por un error", la noche transcurriría tranquila con la cervecita en mano. Pero no! Lo que no aparecía publicado en la entrada es que se puede acosar saltándose una generación, así que tuve la oportunidad de conocer algunos Beach Boys que se me presentaron. Confieso que admiro la gente que tiene el valor para acercasre a alguien y dirigirle unas palabras, yo soy un cero a la izquierda al respecto. Sin embargo, no comparto la preferencia por personas 20 años mayor ni más joven, aunque sea por pura matemática.
No dejó de ser una anécdota, pero si una amiga o amigo os pide que le acompañeis a un evento de este tipo, aseguraos de no ser la/el impar.

La snorkel austral

Hoy me he ido a ver pececitos de coloreees!!.
Mejor un comienzo más serio:
En mi afán de mejorar mis técnicas de snorkelling, hasta ahora tan nulas como ausentes, esta mañana me fui a una afamada playa entre los que practican dicho hobi. Para mi gran honda satisfacción, la arena estaba más despejada que en la semana anterior y, consecuentemente, el agua más fría, para no tan honda mi satisfacción.
Así que me metí al agua, me enfundé las espuelas, las gafas de piscina y el tubo ese, el snorkel. Al momento descubrí que no sirve de nada ahorrar unos dólares utilizando las gafas de piscina porque el agua que no te entra por los ojos, te entra por la naríz. Así que de vuelta a la orilla, fuera espuelas, lanzamiento de tubo con objetivo toalla, fallo, vuelta al agua, aletas, gafas y a nadar.
Yo no sé vosotros, pero por lo que conozco la playa de valencia, si sugmeres la cabeza, con suerte te encuentras un limón. Aquí, a los dos metros ya estaba en medio de un banco de muchíisimos pececitos a rayas amarillas (véase foto sacada de google) que me iban siguiendo! Yo más felíz que una perdíz. Me acerco a unas rocas y veo otros peces más grandes, uno de ellos colorado y marrón, más adelante otros peces más largos, bentónicos...y así varios tipos más. El agua cristalina así que daba un poco de vértigo ver el fondo y no hacer pie. Cuando ya llevas un rato, te acostumbras a no hacer pie y cuando te quieres dar cuenta te has quedado varado con la naríz. Impresionante!
Lo que me ha dejado un tanto mosca es lo que me he encontrado cuando he puesto "fishes" y el nombre de la playa donde he estado. Me han aparecido varios tipos de tiburones...así que creo que no me alejaré de la orilla.
Ya estoy enganchada, a falta de mi guitarra, ya he encontrado otro entretenimiento aquí. Esta semana me compraré las dichosas gafas y un auto-repartidor de crema solar.

Doctor, estoy desenfocado

Ciertamente Wally.

¿Soy la única que se desenfoca de vez en cuando, o somos todos?
Hoy no es un día claro porque ha llovido, a ambos lados de la ventana, y apetece mojarse.
Si mañana vuelve a nublarse, tendré listas mis gafas de colores de papel celofán.